Voy a hacer huelga el día 29 de marzo. No creáis que ha sido una decisión fácil. Vi a mucha gente criticar el bipartidismo en el último período electoral, pero no he visto a casi nadie de aquellos criticar el bisindicalismo, que ha resultado tan o más perjudicial que aquél para los intereses de los trabajadores del Estado español. Comparto con la mayoría de mis amigos y compañeros renuentes a hacer la huelga, el estado de hastía ante estos sindicalistas burocratizados y apoltronados cuya única función en los últimos años, de cara al interés general, ha sido convocar estas bochornosas huelgas de un día para otro que para lo único que sirven es para domesticar a la clase trabajadora induciéndola a creer que eso es todo lo que se puede hacer en la lucha contra la explotación. Llevan décadas sin haber conseguido absolutamente nada relevante por estos métodos y sometiendo cualquier otro tipo de lucha al ninguneo y al ostracismo. Si para los partidos institucionales la democracia consiste en votar cada cuatro años, para esta gente parece que la lucha de los asalariados consiste en manifestarse el 1 de mayo y hacer una de estas huelgas folclóricas cada x.¿Qué me ha hecho, pues, cambiar de opinión? Sencillamente, que a través de conversaciones, en la calle, en las redes sociales he visto que este movimiento del 29M ha ido sirviendo de aglutinador de las fuerzas antiderechistas en todo el Estado, más la absoluta convicción de que un fracaso de esta huelga sería otra carta en blanco y otro espaldarazo al bárbaro dogmatismo liberal de los recortes y el debilitamiento del papel redistributivo del Estado, que es, a través de la educación, la sanidad, la cultura y las ayudas a las víctimas del capitalismo, la única función noble que le queda. No oculto mis cartas: ha sido la actitud de muchos de mis contactos libertarios hechos en los últimos meses, pese a que yo nunca me he definido como anarquista, los que me han acabado convenciendo de que estamos ante una oportunidad única de coordinar las diversas luchas anticapitalistas. Por eso, voy a hacer la huelga y escribo este post para influir en los indecisos-por miedo, por hastío de los burócratas de UGT y CCOO, por todas las razones que he expuesto en el párrafo anterior- que pudieran leerme y llamarlos a secundar la convocatoria. En política no puede haber principios absolutos, por muy firmes que los de cada cual sean, porque las dinámicas colectivas implican el acuerdo, la búsqueda de alianzas, la cesión, la estrategia frente al enemigo común. No tengamos miedo. La mejor posibilidad de que la huelga no sea un drama para cada trabajador particular, por acoso de su patrón, es que sea un éxito clamoroso.Ahora bien, como profesionales del sindicalismo que son, y en tanto que huelguista el próximo jueves, les pongo a Méndez y a Toxo una condición, les exijo un compromiso: si la huelga es un éxito no hagáis la jugarreta de siempre y llevad las demandas de los trabajadores hasta sus últimas consecuencias. Si la huelga es un fracaso, se os debería caer la cara de vergüenza, si como profesionales del sindicalismo que sois, no dimitís inmediatamente y dejáis que dirija la lucha obrera gente más capaz, más honesta, más creativa. Gente cuya talla moral e intelectual esté a la altura de lo que exigen los tiempo. Hay millones.
Si Comments
26 mar 2012
Huelga general 29M
21 mar 2012
Indicadores y realidad
29 feb 2012
Déficit cerebral
Los españoles vuelven a prepararse una vez más para dejarse chupar la sangre ante los datos de déficit y las exigencias de “los de arriba”. ¿De dónde recortamos ahora? A mí se me ocurre un lugar, uno entre los muchos que se me ocurren, la iglesia. Esa institución tan necesaria que pagamos todos a pesar de que nunca se nos haya consultado, esa que está exenta de la mayoría de los impuestos y además recibe fondos públicos y privados. Pues se me ocurre que comiencen a pagar el IBI (impuesto de bienes inmuebles) que tras consultar varias fuentes diré que rondaría los 3.000 millones al año, no está nada mal. Hablo de iglesia (católica) porque nos lo impone la constitución a todos los españoles de este país, pero no estaría mal que se extendiese a cualquier otra organización religiosa sobre suelo español. Y para los que vengan con el royo de la labor social de la iglesia les diré que no hay mayor labor social que la de la educación y la sanidad pública, y que si es el espíritu de servicio del catolicismo lo que vienen a sacar a relucir que busquen en sus apuntes lo del voto de pobreza y que vendan propiedades para llenar las despensas de los comedores sociales, así además, pagarán algo menos de IBI.
Ha llegado el momento de tomar medidas justas y drásticas, yo por lo menos ya empiezo a estar bastante harta de ver como a nuestro alrededor amigos, familiares o nosotros mismos vemos destruidos años de trabajo y esfuerzo por culpa de un puñado de incompetentes y su parasitario sistema que necesita que agonicemos para seguir en pie. El capitalismo está herido de muerte y los que siempre han cabalgado en lo más alto de este caballo desbocado no pueden seguir adelante si la gente de a pie no lo perdemos todo en el intento, asumiendo sus errores y pagando por ellos.
¿Alguna vez os habéis preguntado cómo funciona nuestro sistema? El capitalismo es incompatible con lo único real de este mundo, la naturaleza y sus recursos. El capitalismo necesita de un continuo crecimiento exponencial de todos sus agentes, en primer lugar personas. Las bajas tasas de natalidad traen de cabeza a los gobiernos porque debilitan el sistema, siempre tiene que haber más personas en la parte baja de la pirámide que en la alta, esto es de cajón, pensiones, subsidios y otros muchos servicios no serían posibles de otro modo, pero ¿hasta cuándo? Si vivimos en un mundo donde los recursos vitales son limitados poco sentido tiene crecer exponencialmente cuando los recursos no lo hacen.
Pero como parece que tendremos que lidiar con este sistema infesto algunos siglos más, yo hoy hago mi propuesta de recorte, uno entre muchos como ya he dicho, que sé que algún beato me vendrá con el cuento. Quien quiera iglesia que se la pague, que yo me pago mis vicios.