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Crítica al decadente espectáculo mediático, sus contenidos y sus "profesionales". Un desahogo abierto y gratuito para todos a los que su C.I. se lo permita



29 sept. 2010

La autarquía de Telecinco

Desde hace algún tiempo, la cadena más rentable de Europa, Telecinco, se ha estado encargando de que su programación tenga una distribución exclusiva, es decir, solo a través de sus canales. No hay que ser experto en nada para saber que hoy en día el espectador ha modificado la forma en que consume televisión, principalmente gracias a la intervención de Internet como medio en el convergen radio, televisión, prensa y cine. Pero Telecinco parece haberse propuesto cerrarse en banda en todos aquellos medios en los que no pueda controlar lo que se dice de sus “obras”.

La cadena propiedad de Fininbest, empresa que preside Silvia Berlusconi, comenzó querellándose con La Sexta, movida por el desprestigio que suponían las perspicaces críticas de Se lo que hicisteis. Telecinco abrió la veda y fue imitada por Cuatro y Antena 3, que también se vieron incapaces de mantener su integridad por sí mismas y decidieron acudir a la justicia para silenciar el dedo acusador.

Pero no contenta con la censora iniciativa judicial, de la que por cierto no hay que restar merito a los jueces que la llevaron a cabo, Telecinco arremete ahora contra el gigante de Internet, Google, concretamente contra YouTube por difundir sus videos sin permiso. Esta vez imperó la lógica y la demanda ni siquiera ha sido admitida a trámite, ya que como todo el mundo sabe, YouTube no es más que un intermediario. Para que Vasile lo entienda, un escaparate internacional y libre, en el que los usuarios (particulares, internautas, ESPECTADORES) suben videos con el fin de compartirlos con los demás internautas. Lo que seguramente molestará a Telecinco es la divulgación generaliza de comentarios de todo tipo, sobretodo el hecho de que estos sean mayoritariamente negativos y en absoluto controlables.

Resulta muy lamentable que toda una corporación parezca avergonzarse cuando quienes ven su deplorable espectáculo no es el público previamente estudiado, sino uno mucho más activo, que pone en juego su capacidad crítica y deja en evidencia la decadencia de el circ de la tele.